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Ayer, 17 de noviembre, cerca de 60 personas (estudiantes de diversas disciplinas, doctorandos y pdi de la Universidad) llenaron un autocar con destino al municipio de Hornachuelos, Sierra de Albarrana (Córdoba). La razón fue la visita al Centro de Almacenamiento de Residuos Radiactivos de baja y media actividad, El Cabril, único emplazamiento de España acondicionado para la gestión y el tratamiento de este tipo de residuos.

La expedición se dio cita en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga a las 7.00 horas para poner rumbo a Córdoba, por delante, tres horas de viaje con destino a El Cabril. El trayecto transcurrió sin ningún problema, incluso sirvió para que algunos diesen una cabezada antes de un día intenso y lleno de aprendizaje sobre residuos radiactivos.

Al llegar a El Cabril, todos los asistentes aprovecharon para tomar un café y picar algo antes de recorrer casi todos los rincones del Centro de Almacenamiento. Los materiales que recibe son de media, baja y muy baja radiactividad. Los isótopos radiactivos de residuos de media y baja tardan un máximo de 300 años en decaer a los niveles de radiación natural, mientras que los de muy baja poseen un lapso de tiempo de aproximadamente 60 años.

Los primeros residuos radiactivos se introdujeron de forma no reglada en 1961 en una mina de uranio en desuso próxima a las instalaciones de El Cabril, en Sierra de Albarrana. Con fecha 8 de abril, el Ministerio de Industria y Energía autoriza a Enresa para hacerse cargo de la explotación de las instalaciones y en el año 1992 fue inaugurado la ampliación del centro cumpliendo con el Plan General de Residuos Radiactivos (PGRR) que es el documento que recoge las estrategias y actividades a realizar en España en relación con los residuos radiactivos, el desmantelamiento de instalaciones y su estudio económico-financiero. Actualmente, el almacén se encuentra a una cifra superior al 70%  de su capacidad. Según sus propias estimaciones, El Cabril alcanzará el 100% de su capacidad antes de 2030. Anualmente recibe unos 3000 bidones (más de 1.000 metros cúbicos). De ellos, cerca del 95% procede de las ocho centrales nucleares que se encuentran en producción y el resto llega de hospitales, universidades y laboratorios de investigación públicos y privados. Los residuos se clasifican y se almacenan en contenedores de hormigón fabricados a prueba de terremotos (pueden soportar hasta un seísmo de 7.5º en la Escala de Richter) que se guardan en celdas construidas en enormes naves en superficie.

La visita, guiada en todo momento, transcurrió con total normalidad para los casi 60 asistentes. La expedición pudo recorrer diversas zonas de las instalaciones y realizar preguntas durante todo el itinerario a las guías de El Cabril. Procedencia de residuos, acondicionamiento y almacenamiento, y el sistema de control y vigilancia ambiental fueron, entre otros, los lugares que se pudieron conocer a lo largo de todo el recorrido en el que algunos participantes llevaban colocados un dosímetro (instrumento de medición)  para comprobar la dosis de radiación recibida.

Finalmente, tras conocer los entresijos de las instalaciones, los asistentes degustaron un tentempié para recuperar fuerzas y regresar a Málaga tras un día intenso. Pasadas las 18.00 horas, alumnos y personal de la Universidad de Málaga regresaron al Campus de Teatinos con mucha información sobre la gestión de residuos radiactivos en España.

La actividad, que resultó un éxito rotundo y llenó sus inscripciones en apenas unas horas, fue organizada por Sergio Cañete (miembro de la Comisión de actividades ambientales del Vicerrectorado de Smart-Campus y técnico del SCAI) y personal técnico del Vicerrectorado de Smart-Campus. 

 

Artículo realizado por Izan Guerrero, doctorando por por la Universidad de Málaga en Comunicación y Cambio Climático

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